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Diderot

Uno de los ejemplos más notables del humor inserto en la argumentación filosófica lo podemos encontrar en diversos pasajes de El Sobrino de Rameau de Dennis Diderot:

“allí me encontraba yo una tarde, mirando mucho, hablando poco, y escuchando lo menos posible, cuando fui asaltado por uno de los personajes más extravagantes de este país… Su primera ocupación, cuando se levanta por la mañana, es averiguar dónde comerá; después de comer, medita dónde irá a cenar.” (Diderot, 1983: 22)“tengo la frente amplia y arrugada; la mirada brillante; la nariz prominente; las mejillas anchas; las cejas negras y pobladas; la boca bien trazada; los labios muy marcados y la cara cuadrada. Si este vasto mentón lo cubriera una luenga barba, ¿no os parece que luciría estupendamente en bronce o mármol?” (Diderot, 1983: 25-26)

La sabiduría del monje de Rabelais es la auténtica sabiduría, para su tranquilidad y la de los demás: cumplir con su deber de cualquier manera; hablar siempre bien del padre prior, y que el mundo vaya por donde le plazca. Bien debe de ir, si la muchedumbre está tan contenta. Si supiera algo de historia, os demostraría que los males siempre nos han venido gracias a algún hombre genial. Pero no sé historia, porque no sé nada de nada. El diablo me lleve si alguna vez he aprendido algo; y si por no haber aprendido nada, me encuentro peor.” (Diderot, 1983: 27)

“Lo importante es que vos y yo seamos, y que seamos vos y yo. Que el resto se las arregle como pueda. A mi entender, el mejor orden de cosas es aquel en el que me encuentro; y al mejor de los mundos posibles, que lo aspen, si yo no estoy en él. Prefiero ser e incluso ser imperfectamente razonable, que no ser.” (Diderot, 1983: 32)

“Cada instante que pasa nos enriquece. Un día menos que vivir, es lo mismo que un escudo de más. Lo importante es poder ir todos los días tranquilamente, libremente, agradablemente, al retrete. ¡O Stercus Pretiosum! Ese es el grandioso resumen de la vida en cualquiera de sus estamentos. En el último momento, todos somos igualmente ricos… Pudrirse bajo mármol, o pudrirse bajo tierra, todo es pudrirse.” (Diderot, 1983: 43-44)

“¿son accesibles a todo el mundo, la virtud y la filosofía? Las tiene quien puede. Las conservas quien puede. Imagina que el universo entero se tornara sabio y filósofo; no me negaréis que sería espantosamente triste. Está bien, viva la filosofía; viva la sabiduría, era la de Salomón: beber buenos vinos, atracarse de exquisitos manjares; revolcarse sobre bellas mujeres; descansar en lechos mullidos. Fuera de eso, todo es vanidad.” (Diderot, 1983: 58)

“…lo principal es buscarse un medio de subsistencia libre de toda servidumbre.” (Diderot, 1983: 62)

“no olvidéis que en una disciplina tan variable como la moral, no hay absolutamente, esencialmente nada verdadero ni falso; como no sea el deber de ser aquello que conviene a nuestro interés: buenos o malos, sabios o locos, indecentes o ridículos, honestos o viciosos. Si por azar la virtud condujera a la riqueza, me volvería virtuoso, o lo simularía como nadie. Pero quieren que sea un bufón, y me esfuerzo por serlo; en lo tocante a los vicios, la naturaleza se encargó de equiparme convenientemente. Y eso que cuando digo vicio, lo hago por hablar nuestro idioma; porque si analizáramos, podría suceder que yo llamara vicio a lo que vos llamáis virtud, y virtud a lo que vos llamáis vicio.” (Diderot, 1983: 81)



Diderot, D. (1983) El sobrino de Rameau, Bruguera, Barcelona.